Somos una pequeña familia dedicada al algarrobo santiagueño, formada por Matías Anchaval (Asistente de Planta), Esteban Anchaval (Gerente de Producción), Peter Felker (Fundador y Creador), Virginia Oberlander (Ingeniera en Alimentos), Luis Andrada (Asistente General) y Gustavo Guardo (Mecánico y Asistente).
Para las familias locales, el ingreso complementario que obtienen recolectando y vendiendo las vainas de algarrobo les permite comprar útiles escolares, reparar sus hogares y cubrir necesidades básicas. Es un vínculo real entre cada bolsa de harina y las comunidades rurales del norte argentino.
El algarrobo en la cultura y la vida local
El algarrobo es un árbol profundamente valorado por las comunidades de Santiago del Estero. Los nódulos de sus raíces, propios de las leguminosas, mejoran la calidad del suelo. Su madera se usa para fabricar muebles y pisos de alta calidad. Sus vainas dulces son fuente de alimento tanto para personas como para animales. Y su sombra es esencial en una región donde las temperaturas veraniegas superan fácilmente los 45°C. En la lengua originaria quechua, el algarrobo era conocido como “taco”, que se traduce como “El Árbol”, una expresión clara de la importancia que los pueblos nativos le daban.
Un recurso en peligro
Durante los últimos 80 años, los algarrobos han sido sobreexplotados para la producción de madera fina, con escasos esfuerzos de reforestación. Además, en la región donde se encuentra nuestra planta de producción, casi 280.000 hectáreas de bosque nativo fueron desmontadas para plantar soja transgénica. Aumentar la demanda de harina de algarrobo es una de las formas más concretas de frenar esta destrucción y darle valor económico a los árboles en pie.
Investigación y mejora genética
Desde 1980 nuestro fundador Peter Felker brinda asistencia técnica a universidades y organismos gubernamentales de Argentina en la preservación y mejora genética del algarrobo nativo. En colaboración con Mauricio Ewens, Director de la Estación Forestal de la Universidad Católica de Santiago del Estero, y tras más de 20 años de investigación, se estableció un ensayo replicado con 12 variedades distintas de algarrobos injertados, seleccionados por sabor, alta producción de vainas y crecimiento rápido.
Se están realizando cruzamientos adicionales entre los mejores árboles para mejorar su forma, resistencia a insectos y enfermedades. Actualmente se aplican técnicas de genética molecular para acelerar el desarrollo de nuevas variedades mejoradas. Hay además unas 20.000 hectáreas de tierras agrícolas abandonadas en la región por mal manejo del riego, con suelos demasiado salinos para cultivos tradicionales pero perfectamente aptos para el algarrobo. Estos árboles están rejuveneciendo esos suelos y mejorando la sustentabilidad de la agricultura local.
A medida que el mercado de la harina de algarrobo crece, estas nuevas variedades injertadas y las técnicas de manejo de plantaciones serán fundamentales para garantizar un suministro continuo de harina de excelente sabor y asegurar la viabilidad de una industria sustentable para familias con recursos escasos.
Querés ser parte de este proyecto? Cada compra de harina de algarrobo santiagueña es un aporte directo a las familias, al monte nativo y al futuro de una industria que cuida la tierra. Conocé nuestros productos y sumate.
